Cine

Apuntes para una cobertura colaborativa del Festival de Cine de Mar del Plata (3)

Apuntes para una cobertura colaborativa del Festival de Cine de Mar del Plata (3)

Alex, Qué alegría recibir tu respuesta; qué complejo estar a la altura de tus palabras. ¿Está mal que nos tiremos flores entre nosotras? Mientras te leía, encontraba una solvencia en el análisis que se corresponde con tu discursividad al narrar aquello que reivindicas. Celebro que se den estas discusiones, porque me dejan pensando y disfruto que seamos dos mujeres con estas propuestas. De todas formas, me colocas en una encrucijada. Estás poniendo el foco, a partir de tus preguntas, en una serie de conceptos por los que también me he preguntado y para los que no sé si tengo respuesta certera. Esbozaré algunas posibles aproximaciones, pero más bien para que sigamos pensando en conjunto. Confieso que me da un poco de envidia leer tu experiencia en una proyección de cine, por más que sea con olor a guardado y butacas por medio. Aquí, por ahora, esa opción no parece cercana. Las actividades culturales se están abriendo paso, pero gran parte de la cinefilia porteña aún espera ansiosa volver a las oscuridades de las salas. Suena un poco tenebroso ese temporal huracanado que describís; estos últimos días en Buenos Aires también fueron de chaparrones y nubes grisáceas. Un clima inestable para cerrar un año tormentoso.Yo sé que en la carta anterior te mencioné que, aunque no pudimos habitarlo de manera presencial, se generó la sensación de comunidad habitual en los festivales. Pero cuando recordaste esas cervezas que nos tomamos en los ratos libres de un BAFICI intenso, me dieron muchas ganas de volver a vivir esa sensación que se genera alrededor de los festivales. Ansío volver a esos espacios casi tanto como los stickers de conocidos críticos que mencionas que circularon por grupos de whatsapp del Jurado Joven. Esto último, estimo, será más accesible, virtualidad mediante. Tu contienda con la noción de autor me parece que es una de las tantas a las que nos enfrentamos como generación. De todas formas, me resulta más fructífera la problematización que realizas en cuanto al concepto de ópera prima, como si se fuera autor, o autora,  a partir de la primera obra. Más aún, de una obra específica. Creo que aquí la cuestión apunta a sistemas de legitimación que validan quién puede considerarse cineasta o qué se considera una ópera prima válida. Entonces, más bien, hay que poner el ojo en cuestiones de la Institución, entendida como una totalidad en el campo artístico al que nos estamos refiriendo, porque es la que produce hegemonía. Y categoriza. Por lo tanto, me resulta extremadamente válido que propongas este tipo de reflexiones. Además, mencionás dos ejemplos muy particulares y paradigmáticos. En el caso del film de Camilo Restrepo, no creo que haya muchas dudas: hay toda una lógica cinematográfica en Los conductos, pensada y diagramada por una persona que está craneando una idea del cine muy particular. Es decir, Restrepo es autor -disculpa, pero se me filtra el término sin poder encontrar uno mejor- mucho antes de su ópera prima aclamada. De hecho, sus cortos y mediometrajes anteriores...

Apuntes para una cobertura colaborativa del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata (2)

Apuntes para una cobertura colaborativa del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata (2)

Cande, Ayer salí huyendo de una proyección, mi primera vez de regreso al cine, aunque en un sala bastante más íntima con cruces intercaladas en los asientos y olor a guardado, como el aroma que despide un abrigo el primer día de frío. Una tormenta de proporciones huracanadas (los medios usan ese término, pero dudo de su pertinencia) se venía gestando desde hace ya varios días. Hasta los insectos y las plantas lo venían anunciando. Aquí, existe un yuyo que florece justo antes de una tormenta y que predice la lluvia. Según mi padre, es el único pronóstico que unx necesita. Y en esta ocasión, le doy la razón, ya que las flores y la humedad estuvieron en lo cierto: al final del cortometraje exhibido, el viento empezó a golpear la puerta de la sala y volví antes de que el cielo se venga abajo. Esto me recuerda un poco a la semana pasada, cuando viví el Festival entre cortes de electricidad y alertas meteorológicas. El día de la inauguración, ese sábado 21, las ráfagas de viento nos dejaron a oscuras más de un día y durante los días siguientes, que coincidió con el inicio del taller, había momentos de baja tensión, secuela de los árboles caídos y cabos sueltos. Aún así, pude ver las películas entre lapsos con energía eléctrica y horarios extraños cuando dejaba mi teléfono de lado sin preocuparme por pedidos laborales. Tenía un plan de ruta, pero tal como te pasó a vos, la lista iba creciendo y sumando horas a la madrugada o a las funciones de trasnoche. Creo haber visto todo lo que me propuse, incluso algunas de las recomendaciones tuyas, y las que saltaron durante los días del Festival, como Las mil y una, quizás un descubrimiento tardío y una de mis favoritas, pero ya volveré sobre la película de Navas. Pienso que el haber estado en Mar del Plata hubiera restado las horas en la sala, pero en contrapartida, sumado horas a las conversaciones entre una birra y otra que tanto disfrutamos cuando estuve en Buenos Aires. Me preguntas por mi experiencia. Fue un tanto extraña, pero no menos intensa. Confieso que tenía muchas ganas de ir, pero también admito que en cierto modo me fui igual, ya que fueron días de un desvelo casi permanente donde las películas cobijaban una rutina ininterrumpida. Sentí además una cierta complicidad con los demás integrantes del jurado joven a la hora de paliar distancias. Al final del primer día, se creó un grupo de whatsapp donde nos empezamos a conocer entre audios y stickers de críticos conocidos, si querés te los paso después. Me extendí un poco en una introducción que inicia hoy y se remonta a los eventos de la semana pasada, así que intentaré volver a lo nuestro. Como parte del jurado joven, se nos encomendó la tarea de otorgar un premio a la Mejor Ópera Prima Latinoamericana, una competencia que a la vez es y no es una contienda oficial. Admito que...

Carta a Cande

Carta a Cande

Estimada Cande, Espero que te encuentres muy bien. Debo comenzar por admitir que ver La Boulangère de Monceau (1963) me ha remitido, casi inevitablemente, a mis memorias parisinas. No pude evitar pensar en ella. La ciudad de las Luces, la ciudad del Amor, la ciudad de La Maga y su Oliveira, del encuentro labrado en el destino y, para mí, la ciudad del cine. La París que retrata Rohmer no es la París de estos turistas disfrutando del verano a casi 40°, refrescando sus pies, cansados de tanto paseo, en las fuentes del Museo del Louvre, orgullosos de tener en la galería de su celular la ya mítica fotografía de La Gioconda encerrada tras un grueso cristal, que obtuvieron después de sortear con algo de suerte el océano de cabezas expectantes frente a ella. En cambio, creo yo, se asemeja más a la París en la que Cortázar dibujó su Rayuela y, en definitiva, la que construyeron a través de su mirada, tras haber recibido 400 golpes y quedarse sin aliento, los estudiantes -sentados en la silla del maestro- de la Nouvelle Vague, aquella ciudad de los jóvenes saltándose clases y buscando aventuras románticas y sexuales. El protagonista camina, junto a su amigo de la facultad de Derecho, al encuentro del encuentro casual con aquella mujer que se le convirtió en rutina. Una de las cosas que rescato es el aspecto literario de la narración en off. Pronto descubrimos la voz interna del hombre y Rohmer nos regala, casi en exclusiva, el conocimiento de su estrategia de ligue. Así es, nosotros vemos una cara que, para los demás personajes, permanece velada por la actitud de alguien que parece ir por la vida sin un plan establecido. Alguien que intenta mostrarse relajado y desinteresado mientras que a través de ciertos movimientos corporales denota su ansiedad, es decir, podemos identificar cierta incongruencia entre lo que se ve y lo que nos dice. Pero ¿para qué conocerlo desde el nivel psíquico? ¿Será que se nos invita a ser más observadores y juzgarlo desde la privacidad de nuestros pensamientos? ¿Será que da pie a que elijamos asignarle, según nuestro criterio, una etiqueta severa como la de “enamorado” o “narcisista” o de “narcisista enamorado”? ¿Trata acaso de colocarnos en un debate moral? Tal vez Rohmer no está tratando de juzgar a sus personajes, pero pareciera querer que nosotros sí lo hagamos. Me parece interesante la manera como Rohmer introduce progresivamente el factor de la casualidad (lo que no puede controlar) versus la causalidad (las consecuencias de sus actos premeditados): el hombre contra su destino. El primer rechazo de Sylvie y su posterior accidente representan el aliciente del reto. Es como si, perdido, intentara recuperar la sensación de control de su propia vida al proponerse “conquistar” a Jaqueline, y aquí cabe señalar que no me refiero a conquista como cortejo sino como dominación. Aunque el hombre, a través de lo que nos platica, parece estar justificando sus acciones, como queriendo convencernos de su -no malicioso- proceder,...

Carta a Natalia

Carta a Natalia

Querida Natalia, Espero que mi carta te encuentre bien. Recibí tu correspondencia un mediodía de sábado lluvioso, ideal para responderte.Si me permitís una digresión personal antes de adentrarnos en el tema que nos convoca, me gustaría comentarte que, al momento de escribirte, me pregunté por la especificidad del formato elegido. Mi memoria vagó hacia atrás, intentando recordar cuándo fue la última vez que escribí una carta, y la verdad es que no la recuerdo. Por lo tanto, el medio que nos pone a dialogar, al menos para mí, es novedoso. Si a esa novedad, le agrego que la destinataria es una colega con la cual comparto un seminario solo a través de la virtualidad y de la cual me separan miles de kilómetros, y también algunas horas de diferencia, la correspondencia se transforma en todo un acontecimiento. Por otro lado, creo que al escribir una carta opera algo del orden de lo emocional, me atrevería a decir, de lo pasional, y a la vez una búsqueda por comprender aquello que desconocemos, tanto de los destinatarios de la correspondencia como de quien escribe. Aunque una parte del lenguaje se torna inasible, necesitamos narrarlo para comprendernos. Así nos acercamos, al menos un poco, a eso que parece inenarrable, tal vez de modo semejante a lo que nos despierta el cine o, mejor dicho, escribir sobre este, ¿verdad?Viendo el cortometraje de Rohmer, recordaste tu paso por París, como turista y transeúnte. Traes, en ese recuerdo, el París de los '60, que tanta mística nos ha regalado. Mencionas a Cortázar, a los protagonistas de su enorme Rayuela, y no puedo más que pensar en aquel contexto, que se nos presenta con nostalgia y, también, con un dejo de anhelo. Creo que algo de esa mística se destaca cuando observamos a los protagonistas de La Boulangère de Monceau caminar por las calles parisinas y en la manera como el cortometraje nos presenta la ciudad a través de la cámara.Los planos generales de París del comienzo nos sitúan en el espacio: la metrópolis ajetreada, los ciudadanos que transitan las calles, toman el metro, se mueven hacia aquí y hacia allá. Pero Rohmer se detiene en los cafés parisinos y los locales comerciales para transcurrir sus acciones. Allí, los protagonistas, estudiantes de derecho que están a punto de ingresar en el receso vacacional y las mujeres con las que flirtean, caminan su ciudad, enamorándose y perdiéndose en ella. Como describís de una forma muy bella, metaforizando los títulos elementales de su cinematografía, todo esto nos recuerda a la vanguardia de cine francesa de aquellos años. Creo que la Nouvelle Vague también acrecentó esta mística parisina de los '60 a la que haces mención; muchas de sus obras lograron pura magia al momento de filmar la ciudad. De hecho, mientras miraba el cortometraje, mi biblioteca mental de imágenes fue directamente al anaquel donde se encuentran Jean Paul Belmondo y Jean Seberg, filmados por la lente de Jean-Luc Godard. Me disculpo por la asincronía, pero también recordé un cortometraje alejado...

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