Argentina

Opíparamente

Opíparamente

Opíparamente. Comer mucho, devorar desenfrenadamente. Disponer de un festín, un banquete inmenso para saciar el hambre, para calmar las ansias. Pantagruélicamente, como el personaje de ese ogro devorador y un poco torpe. Devorarse lo que está dispuesto ahí, en la mesa servida, tendida para que quien detenta el poder se harte, quede satisfecho. Quede satisfecha. Opíparamente.Una calle platense llena de motos y de pibes montados en ellas. Se escuchan todavía los estruendos que dieron paso al nuevo año, se siente el olor a quemado, a la pólvora, se ven -o se adivinan- los resplandores de los muñecos que fueron entregados una vez más al ritual del fuego, al sacrificio en honor a una esperanza, a la necesidad de dejar ir, a un juego colectivo. Sacrificio.Los pibes vienen desde lejos, desde Abasto. Se pusieron de acuerdo para ir a ver cómo se quema alguno de esos muñecos que en esta ciudad cumplen la tradición de ponerle fin al año viejo. Luis tiene 23 años, de día trabaja en un lavadero de autos y de noche como repartidor de pizzas. Trabaja con su moto, la misma en la que lleva a su amigo de 17. No van solos, son como diez las que avanzan juntas y las siguen un par de autos donde van algunos familiares. Están servidos, en esa calle, como banquete atroz para ese auto que pasará desaforadamente y hará volar a Luis y su amigo por los aires y devorará su moto, que arrastrará enganchada sacándole chispas al asfalto hasta que tres o cuatro cuadras más adelante finalmente la abandone. Pasarán a engrosar la larga lista de víctimas de tránsito, aunque por suerte, vivirán para contarla.Víctimas. Eso de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Eso de las causas y los azares. Eso de justo se te ocurrió ir por esa calle esa noche. Eso de ser joven, usar gorra con visera y andar en moto. Eso del buzo con capucha. Eso de la etiqueta y el estigma. Eso que pasa cuando sos carne de cañón, estás en el plato, dentro de la fuente, listo para ser devorado.Horas más tarde, gracias a un video y los testimonio de varios testigos, el relato de quienes los atropellaron y luego se dieron a la fuga empezará a resquebrajarse.El 1 de enero, ese video se reprodujo hasta el infinito. Se ve a una mujer y a un hombre ser increpados por alguien que los acusa de haber atropellado a esos dos jóvenes y fugarse. Son Carolina Píparo y Juan Ignacio Buzali. Ensimismada, Píparo va y viene del auto, su marido está petrificado en el volante y el secretario de Seguridad de La Plata responde evasivamente, minimiza, niega, relativiza todo. Después vinieron notas periodísticas, declaraciones de su abogado bailarín Burlando, más notas, más declaraciones, más espacio en los medios. Mucho espacio para su versión de los hechos. En 2010, un amplio sector de la sociedad se conmovió y solidarizó con Píparo. Había sufrido una tragedia: un robo a manos de motochorros,...

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