América Latina

El dilema cubano

El dilema cubano

Con las manifestaciones del Movimiento San Isidro, Cuba enfrenta el primer ciclo de protestas desde el «Maleconazo» de 1994. ¿Pelea por la libertad o nuevo episodio de injerencia extranjera?

Fin de ciclo para el neoliberalismo en Perú

Fin de ciclo para el neoliberalismo en Perú

América Latina está en movimiento. Hace poco más de un año, la cuna del neoliberalismo hispano era tomada por asalto por una marea de gente que desafió el peso de su propia historia. En Colombia, la organización espontánea de un movimiento nacional huelguístico cruzó el cerco de las élites en un país donde ser de izquierdas está penado con la muerte. En Ecuador, el peso de una traición se tradujo en ira popular y obligó a su presidente a escapar de la capital del país. En una sucesión de acontecimientos, la región andina del continente dejó de ser una salvaguarda del statu quo. Perú, sin embargo, se mantenía como una incógnita. En un país desangrado por el extractivismo, las crisis de las instituciones políticas no conformaron un movimiento de oposición al régimen político, económico y social.  Las cifras de crecimiento económico -celebradas por las derechas del planeta- fueron solamente disfrutadas por un pequeño grupo de empresas de origen canadiense y chino, pero mantenían en la más llana miseria a las mayorías. De tanto jugar con fuego, la clase política peruana terminó por quemarse. El 9 de noviembre, el Congreso del Perú destituyó a Martín Vizcarra, presidente del país gracias a la renuncia de Pedro Kuczynski. Su reemplazo, Manuel Merino, duró menos de 5 días en el poder. Su breve interinato fue barrido por la efervescencia de la gente en las calles. Hoy, con Francisco Sagasti como nuevo presidente del Perú, quien intentará gobernar hasta las elecciones de abril de 2021. Perú está en una encrucijada: entre la estabilización del régimen de las élites y la posibilidad, aún en gestación, de un nuevo horizonte. Hablamos con Anthony Medina Rivas Plata, investigador del Instituto de Estudios Políticos Andinos y profesor de la Universidad Católica de Santa María (UCSM), sobre la crisis peruana, el movimiento de la sociedad en las calles y las posibilidades de la izquierda en la lucha de un nuevo Perú, en el año de su bicentenario. LF | Desde las elecciones de 2016, Perú vive una severa crisis institucional. La conformación de un gobierno dividido entre el poder ejecutivo de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) y el Congreso controlado por el fujimorismo (Fuerza Popular) generó una puja entre poderes. Esa crisis escaló con los escándalos de corrupción que llevaron a la renuncia de PPK y, luego con el cierre del Congreso durante el gobierno de Martín Vizcarra. Entonces, se dio paso a una crisis de representación que tuvo como resultado la reconfiguración del precario sistema de partidos peruano. Cuando Vizcarra apenas empezaba a lograr cierta estabilidad, estalló una crisis sanitaria colosal debido a la pandemia del COVID-19. Hoy tanto la vacancia contra Vizcarra como la renuncia de Merino y la explosión de las calles parecen haber desatado una crisis general del régimen. ¿Cómo podemos explicar estas múltiples crisis que se viven en Perú? AR | Primero, a diferencia de los países que ingresaron en la «ola bolivariana» de la década de los 2000, en el Perú no se concretó un...

Soy octubrista

Soy octubrista

Octubre es agravio a la democracia liberal, desvergüenza de reconquistar el espacio clausurado, invitación a dejar de pensar la política en términos de mercado. Soy Octubrista.

El derrumbe de la democracia ecuatoriana

El derrumbe de la democracia ecuatoriana

La Corte Nacional de Justicia ecuatoriana ratificó la sentencia del expresidente Rafael Correa a ocho años de prisión por el caso “Sobornos” que lo implica en una presunta actividad ilícita entre el Estado y la constructora brasilera Odebrecht. Se dice que entre 2012 y 2016 su partido, Alianza País, recibió aportes de campaña a cambio de la adjudicación de contratos millonarios de obras públicas. Como sucedió con Lula en Brasil, el juicio estuvo plagado de anomalías: desde pruebas manoseadas, nombres y fechas inventadas, declaraciones inconsistentes y contradictorias entre sí, hasta los siempre infalibles cuadernos Gloria. Con todo, se encontró tan solo un solo movimiento bancario “irregular” de 6.000 dólares hacia la cuenta personal de Correa que ni siquiera pudo ser vinculado con la causa. Además de ordenar su captura, la condena inhabilita a Correa para presentarse como candidato en los comicios presidenciales de 2021. La Unión por la Esperanza (UNES) ya inscribió al periodista Carlos Rabascall para reemplazar a Correa y completar el binomio que encabeza el economista Andrés Arauz. La aceptación del binomio aún está por verse: en las últimas semanas, de manera sistemática, la justicia electoral rechazó casi todas las solicitudes de candidaturas presentadas por el correísmo. De cara a las elecciones, el correísmo tiene, por lo menos, dos grandes desafíos: evadir las proscripciones y renovar la imagen de Correa. En cuanto a esto último, si bien Correa aglutina una gran cantidad de votos, suficientes para competir en segunda vuelta, es claro que ha perdido el apoyo de sectores empresariales y populares que Alianza País supo tener en el pasado, junto con la mayoría parlamentaria, influencia sobre las organizaciones sociales y el enorme aparato estatal a su favor. Hoy, el correísmo sufre del cerco mediático, pero también del desgaste y las hemorragias, sobre todo, del último tiempo de su gestión. Juegan en su contra, las detenciones de estudiantes en 2013, los despidos masivos de docentes y las reformas privatistas en el sector educativo, la dolarización de la economía, los ajustes en el gasto público y los tarifazos, la negativa rotunda a la legalización del aborto y el matrimonio igualitario, y un larguísimo etcétera que demostró el malestar popular, por ejemplo, en las movilizaciones contra su gobierno o en el referéndum de 2017. Sin embargo, paradójicamente, Correa sigue siendo el mayor polo de atracción electoral. Y aquí se empieza a entender un poco más el por qué de la proscripción. Lenín Moreno intenta utilizar el magro historial correísta para disimular el propio y subir en las encuestas que lo dan como posible perdedor, pese a que ni él mismo confía en sus posibilidades de ser candidato. Es claro que el juego mediático y la persecución judicial obedecen, en buena medida, a correr la mirada de la crisis económica y sanitaria que atraviesa. Dice una columna del New York Times que, si no fuera por la “pesada herencia” o por la pandemia del covid-19, Moreno “hubiera tenido mejores resultados”. Pero la bola de cristal se nos rompió entre tanta medida...

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