América Latina

Soy octubrista

Soy octubrista

Octubre es agravio a la democracia liberal, desvergüenza de reconquistar el espacio clausurado, invitación a dejar de pensar la política en términos de mercado. Soy Octubrista.

El derrumbe de la democracia ecuatoriana

El derrumbe de la democracia ecuatoriana

La Corte Nacional de Justicia ecuatoriana ratificó la sentencia del expresidente Rafael Correa a ocho años de prisión por el caso “Sobornos” que lo implica en una presunta actividad ilícita entre el Estado y la constructora brasilera Odebrecht. Se dice que entre 2012 y 2016 su partido, Alianza País, recibió aportes de campaña a cambio de la adjudicación de contratos millonarios de obras públicas. Como sucedió con Lula en Brasil, el juicio estuvo plagado de anomalías: desde pruebas manoseadas, nombres y fechas inventadas, declaraciones inconsistentes y contradictorias entre sí, hasta los siempre infalibles cuadernos Gloria. Con todo, se encontró tan solo un solo movimiento bancario “irregular” de 6.000 dólares hacia la cuenta personal de Correa que ni siquiera pudo ser vinculado con la causa. Además de ordenar su captura, la condena inhabilita a Correa para presentarse como candidato en los comicios presidenciales de 2021. La Unión por la Esperanza (UNES) ya inscribió al periodista Carlos Rabascall para reemplazar a Correa y completar el binomio que encabeza el economista Andrés Arauz. La aceptación del binomio aún está por verse: en las últimas semanas, de manera sistemática, la justicia electoral rechazó casi todas las solicitudes de candidaturas presentadas por el correísmo. De cara a las elecciones, el correísmo tiene, por lo menos, dos grandes desafíos: evadir las proscripciones y renovar la imagen de Correa. En cuanto a esto último, si bien Correa aglutina una gran cantidad de votos, suficientes para competir en segunda vuelta, es claro que ha perdido el apoyo de sectores empresariales y populares que Alianza País supo tener en el pasado, junto con la mayoría parlamentaria, influencia sobre las organizaciones sociales y el enorme aparato estatal a su favor. Hoy, el correísmo sufre del cerco mediático, pero también del desgaste y las hemorragias, sobre todo, del último tiempo de su gestión. Juegan en su contra, las detenciones de estudiantes en 2013, los despidos masivos de docentes y las reformas privatistas en el sector educativo, la dolarización de la economía, los ajustes en el gasto público y los tarifazos, la negativa rotunda a la legalización del aborto y el matrimonio igualitario, y un larguísimo etcétera que demostró el malestar popular, por ejemplo, en las movilizaciones contra su gobierno o en el referéndum de 2017. Sin embargo, paradójicamente, Correa sigue siendo el mayor polo de atracción electoral. Y aquí se empieza a entender un poco más el por qué de la proscripción. Lenín Moreno intenta utilizar el magro historial correísta para disimular el propio y subir en las encuestas que lo dan como posible perdedor, pese a que ni él mismo confía en sus posibilidades de ser candidato. Es claro que el juego mediático y la persecución judicial obedecen, en buena medida, a correr la mirada de la crisis económica y sanitaria que atraviesa. Dice una columna del New York Times que, si no fuera por la “pesada herencia” o por la pandemia del covid-19, Moreno “hubiera tenido mejores resultados”. Pero la bola de cristal se nos rompió entre tanta medida...

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