América Latina

Un mundial de surf y dos años de Bukele

Un mundial de surf y dos años de Bukele

Por estos días las playas salvadoreñas son pura euforia, y es que la Asociación Internacional de Surfing (ISA, por sus siglas en inglés) volvió a seleccionar a El Salvador como sede para un mundial, en este caso los Surf City World Surfing Games 2021, en las ya míticas olas de La Bocana y El Sunzal. Los cinco hombres y siete mujeres elegibles mejor posicionados en el ranking reservarán sus cupos en el debut Olímpico del Surfing en Tokyo 2020. El Surf City El Salvador ISA World Surfing Games 2021 finaliza el 6 de junio. Nayib Bukele participó de la ceremonia de apertura afirmando que el “Surfing es uno de los pilares para el futuro ”. “Hace unos años decidimos que El Salvador tenía que construir un nuevo futuro”, dijo Bukele. “Para cambiar las cosas que hemos sufrido en el pasado teníamos que construir un nuevo destino. Tan extraño como suena, decidimos que el surfing sería parte de ese destino. El surfing es uno de los pilares de nuestro futuro”. La presencia argentina en El Salvador  Fernando Aguerre, el argentino que preside la ISA sostuvo que “un buen surfista nunca deja de remar”, en referencia a su cruzada de más de dos décadas para lograr que el surf se convierta en deporte olímpico. Aguerre se mostró entusiasmado al mencionar que “hace año y medio, pensamos que íbamos a tener un gran 2020, venir a El Salvador y tener este asombroso World Surfing Games y la experiencia Olímpica por primera vez con el surfing. Tuvimos que esperar un año más, pero aquí estamos, listos para clasificar 12 Olímpicos más. El escenario está puesto para que se haga historia”. “Tenemos una increíble cantidad récord de mujeres en competencia”, dijo el Presidente de la ISA. “Hay 121 mujeres aquí de todos los continentes del mundo, representando los gigantes pasos de crecimiento que el surfing femenino ha experimentado en años recientes”.  La surfista argentina Josefina Ane comentó durante la competencia que “la pandemia la ayudó mucho a focalizarse en éste campeonato, y no tanto en la evaluación de los jueces, entrenarse mucho en Argentina.” Consultada respecto a su break tradicional de entrenamiento en Mar del Plata en comparación con las olas de El Salvador, remarcó que “el Pacífico tiene su magia, y a los argentinos nos ayuda mucho entrenar en Mar del Plata porque la ola no tiene tanta fuerza. Surfear olas buenas lo hace cualquiera, por lo que creo que estamos muy preparados todos”. En relación al apoyo de parte del Estado argentino a los atletas, señaló que “por suerte cuenta con sponsors, y que el año pasado el ENARD ayudó bastante a cuatro atletas con medallas”.  Por su parte, Leandro Usuna, luego de ganar cómodamente su heat en la primera ronda de repechaje, agarrando un par de buenas olas sobre el final, comentó que “al venir de aguas frías y olas malas, entonces a dónde vamos es mejor, siempre hace más calor y hay más olas”. Usuna espera que ahora que...

Haití entre crisis y rebeliones

Haití entre crisis y rebeliones

Desde febrero, las calles de Haití han vuelto a ser ocupadas por protestas multitudinarias contra el presidente de Jovenel Moïse. El gobierno responde una y otra vez con represión y, en tan solo un año, ha habido más de 300 personas muertas en estas circunstancias, cientos de heridos y un número aún incierto de desaparecidos. La rebelión popular más grande de la historia haitiana reciente no comenzó ahora sino en octubre de 2019, cuando copó las calles sin descanso. Lo que encendió la chispa fue el desabastecimiento de combustibles, las denuncias por corrupción y malversación de fondos de Petrocaribe, los tarifazos energéticos y las medidas autoritarias que violaron al precario estado democrático. Detrás de esas consignas hay largos años de penurias y una situación social calamitosa. El 40% de la población está en emergencia alimentaria, el 70% vive en la pobreza y el 99% trabaja por menos de un dólar al día para que el 1% sea millonario. Todavía se sienten los estragos del terremoto de 2010: 316.000 muertos (según la parcial cifra oficial), tres ciudades en ruinas, 200.000 familias sin vivienda y fondos de ayuda humanitaria otorgados por Estados Unidos y el parlamento en 2011 que jamás llegaron a las víctimas. A esto falta sumarle la inaccesibilidad al agua potable, el riesgo de las redes de trata, la inseguridad y las bandas paramilitares que someten a la población. Por donde se mire, el panorama es de terror. El cántico que alienta cada movilización es “que se vayan todos”, empezando por el presidente, Jovenel Moïse. El empresario bananero asumió fraudulentamente en 2017 y asegura que todavía le queda un año de mandato, pero la oposición y la gente en las calles reclama que su investidura terminó el 7 de febrero de este año. Mientras la crisis recrudece, Moïse denuncia un golpe de estado y gobierna por decreto. El pueblo lo llama “el hijo de los Duvalier”, ese clan familiar que gobernó de facto entre 1957 y 1987, por su imbricación en el poder y su política de ajuste serial, privatista, de ofensiva contra las masas. Moïse y el sostén de la comunidad internacional Cientos de barricadas y cortes de ruta en todo el país durante meses. Si Moïse logra aguantar los trapos, esto es mérito, primero, de Donald Trump y, ahora, de Joe Biden y la Organización de Estados Americanos (OEA). El imperialismo le da sostén político, impunidad internacional y préstamos millonarios que deberían destinarse a obras públicas, pero se pierden en paraísos fiscales. A cambio, Moïse permite que Estados Unidos continúe interviniendo para mantener su dominio económico en Haití y su dominio político en la región. La dominación económica se basa en la superexplotación de recursos naturales con mano de obra precaria y la exportación de las materias primas a muy bajos costos. La dominación política toma formas variadas, pero la que Moïse abriga es principalmente la injerencia militar. El Tío Sam ha logrado instalar 76 bases militares en Latinoamérica y el Caribe (la mayoría en Panamá, Puerto Rico...

El dilema cubano

El dilema cubano

Con las manifestaciones del Movimiento San Isidro, Cuba enfrenta el primer ciclo de protestas desde el «Maleconazo» de 1994. ¿Pelea por la libertad o nuevo episodio de injerencia extranjera?

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